O
Un proceso creativo completamente desarrollado se define por una perseverancia en la acción, la creatividad transformando poco a poco la mirada que tiene el sujeto sobre su entorno y su existencia. Esta perseverancia se acompaña de una verdadera obstinación en crear un mundo personal. Es este retrato inconsciente que el creativo pinta de sí mismo el que será interesante (¡o no lo será!).
El adulto-niño persigue inexorablemente este objetivo, sea cual sea el esfuerzo o los sacrificios que deba realizar. El hecho de que tengamos tiempo, seguridad y las herramientas para crear y hacerlo saber no significa nada si se ha perdido la curiosidad y la obstinación que permitirán dar un color personal a su trabajo. Esto requiere disciplina y un espíritu explorador para enriquecer sus recursos.
Es esta voluntad de exploración y de curiosidad la que se agota con el tiempo y la que diferencia a un adulto-niño creativo del adulto copiador. Inscribirse en una escuela de arte no basta para convertirse en un artista creativo. La técnica es solo una faceta mínima de la creación. Si hay voluntad de crear y de traducir sus ideas en lo real, la obstinación traerá el saber hacer técnico naturalmente. El espíritu de dualidad de la época querría que aquellos que tienen el espíritu técnico y matemático sean menos dotados para el arte (percibido como romántico y literario)...
O
Rembrandt, Matisse, Van Gogh o Picasso son todos considerados talentosos. Y sin embargo, ¿qué similitud hay entre sus pinturas? La creatividad cotidiana ha cambiado poco a poco su percepción del mundo y lo que nos ofrecen contemplar es su originalidad. Manet pasó su vida pintando obras que eran juzgadas llenas de contradicciones y que carecían de perspectiva. Hoy es considerado un maestro porque utilizaba un punto de vista único. Era sincero consigo mismo y pintaba mendigos, prostitutas o la burguesía. Lo que le interesaba no era producir "gran arte, sino un arte sincero". La creatividad artística no lleva automáticamente a producir obras maestras, ahí no está lo importante porque la nueva conciencia que aporta un proceso creativo desarrollado vale más que todos los elogios (¡o todas las críticas!).