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Las 14 líneas de Shakespeare, las 4 estaciones de Vivaldi, el azul de Picasso... Imponerse límites permite estimular la creatividad.
La escasez designa la falta de un producto o de recurso natural. En el marco de la creación los recursos pueden ser variados, y con internet si un creativo explora todos los recursos vinculados a un proyecto se enfrenta a un flujo de información gigantesco y tantas opciones de creación.
Ponerse en estado de "escasez voluntaria" es evitar perderse entre todas las opciones posibles y concentrarse en lo esencial.
No se cree dependencia a las herramientas. Son excusas. Puede crear con poco. Van Gogh solo pintaba con 6 colores en su paleta. Los artistas y creadores logrados utilizan un número limitado de herramientas. Saben deshacerse de lo inútil.
La restricción puede ser un motor de creatividad: la escasez de recursos nos obliga a explotar al máximo aquellas que están inmediatamente disponibles. Es importante crear su escasez y limitar sus fuentes de inspiración para poder comenzar a tomar el camino.
Nuestras representaciones del mundo se hacen por percepciones o interacciones que tienen sus marcos. Plantearse límites permite repulsarlos.
Paradójicamente, estas reglas no reducen la creatividad sino que la alientan y abren el camino a la improvisación: las 14 líneas de Shakespeare, las 4 estaciones de Vivaldi, el azul de Picasso, o incluso Lou Reed quien, cuando escribía, "buscaba una buena línea y luego giraba alrededor". Volvemos otra vez a las espirales, a los bucles de la creatividad. Las limitaciones también nos impiden posponer constantemente el instante de crear.
La pintura continúa existiendo por la fuerza de sus convenciones y de sus limitaciones que son su marco y su superficie plana y rectangular.
Un ejercicio literario eficaz para aprender a gestionar los límites consiste en redactar relatos de 100 palabras máximo. Es un ejercicio perfecto para quien quiera ganar precisión, eficacia y ritmo en su trabajo. A nivel de la creación gráfica, un buen ejercicio consiste en buscar un tema e intentar realizar su obra con un número limitado de elementos y herramientas.
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Van Gogh, Schumann, Maupassant, Hemingway, Blake, Whitman o Tchaikovsky, todos tuvieron episodios de enfermedades mentales a lo largo de sus vidas. La actividad creativa goza de un aura casi mística en torno a la cual circula un gran número de ideas preconcebidas. El creativo es forzosamente diferente, y cuanto más talentoso es, más desequilibrado está... La idea muy romántica según la cual la creación conduce a la locura, la marginalidad o la excentricidad está muy extendida.
Aunque muy pocos artistas han tenido enfermedades mentales graves, algunos estudios vinculan ciertos rasgos psicológicos con la creatividad. He aquí un pequeño resumen de los vínculos entre la creatividad y la salud mental.
Según Freud, el artista es un neurótico que sublima sus pulsiones sexuales y despierta en los demás las mismas aspiraciones inconscientes. Freud nunca extendió su análisis a los procesos creativos y a la práctica del artista en sus soportes de expresión.
Las ideas de Freud han sido muy seguidas, situando la neurosis como motivación esencial de la creación artística. Existen otras teorías sobre el origen de la voluntad de crear, y es muy probable que no haya una sola motivación como motor de la creatividad, sino un conjunto de motivaciones.
Siguiendo la hipótesis del rasgo neurótico, otros autores han vinculado ciclotimia y creatividad. El cambio de humor forma parte integral del proceso creativo. Si resumimos los estados de ánimo por los que pasa el creativo únicamente durante las diferentes fases del proceso creativo, está claro que tenemos cambios de humor muy variados que justifican el uso del término ciclotimia. Durante los años 80, Kay Redfield estudió a 47 escritores, pintores y escultores británicos de la Royal Academy. Descubrió que el 38% de ellos habían sido tratados por trastornos bipolares (rasgo neurótico). Esta tasa sube al 50% en los poetas.
Mark A. Runco y Selcuk Acar vincularon el psicoticismo y la creatividad en un estudio de 2012. El rasgo de psicoticismo está vinculado a individuos fríos, hostiles, carentes de empatía y que presentan tendencias esquizofrénicas (inhibición cognitiva que provoca asociaciones lejanas e inesperadas).
Esta es probablemente una de las claves de la creatividad y el vínculo entre creatividad y enfermedad mental. La inhibición latente es un proceso que nos permite gestionar la informaci ón a la que nos enfrentamos a diario. El cerebro evalúa la calidad de la información y la clasifica según su importancia. Un ejemplo conocido es el del olfato. Entramos en un lugar, un olor nos llama la atención y luego parece desaparecer. El cerebro no consideró que fuera una información útil, por lo que la alejó de la conciencia. En cambio, si juzga que una información es digna de interés, estará en primer plano de nuestra conciencia.
Este filtro actúa en todos los niveles sensoriales y nos permite no estar abrumados por la información exterior. Hemos visto en la parte sobre la sensibilidad que el creativo se diferenciaba por su gran sensibilidad que le lleva a notar detalles que serían considerados inútiles para los no creativos. Una de las claves de la creatividad sería entonces el grado de inhibición latente de cada uno.
Una carencia de inhibición en los individuos que les haría filtrar conscientemente la información proveniente del exterior. Un estudio norteamericano de 2001 vinculó el genio con la locura analizando el nivel de inhibición latente. El resultado es que una persona con un bajo nivel de inhibición latente y un CI elevado tendrá suficientes recursos y concentración para gestionar el increíble flujo de información que llega a su cerebro y sacará provecho de ello, volviéndose más creativo. Lo mismo ocurre a la hora de realizar asociaciones al resolver un problema creativo. El individuo psicótico con tendencia esquizofrénica tenderá a realizar asociaciones elaboradas con elementos muy alejados. Si el rasgo psicótico está controlado, el potencial creativo del individuo será gigantesco. En cambio, un individuo que no tiene suficiente capacidad de concentración y análisis se verá abrumado por el flujo de información y asociación.

La dopamina juega un papel preponderante en la creatividad. Este neurotransmisor (una sustancia química que permite la transmisión de señales entre las células del cerebro, las neuronas, al unir los receptores) a menudo se apoda "la hormona de la recompensa" porque interviene en el reconocimiento inconsciente de lo que podría llevarnos a una recompensa y por lo tanto al placer. Estudios recientes han demostrado que el despertar del deseo de nuevas experiencias (fisiológicas y espirituales), pero también el impulso hacia la búsqueda de nueva información (curiosidad, exploración) también están vinculados a la dopamina.
Se ha observado que los enfermos de Parkinson que siguen un tratamiento rico en dopamina tenían un interés creciente hacia el entorno que les rodea y las actividades artísticas, recreando en ellos un impulso, un deseo y una curiosidad: tantos elementos necesarios para la creación. Hans Eysenck sugiere que las diferentes proporciones serotonina/dopamina explican la divergencia de los comportamientos cognitivos y que solo la proporción media fuerte permite crear.
Tras un mecanismo en el que intervienen el tálamo (zona cerebral de relevo entre los sentidos y la reflexión) y la molécula DRD2 que transporta la dopamina, las neuronas del córtex prefrontal se inhiben y filtran las informaciones exteriores. Si la tasa de molécula DRD2 es baja, entonces menos neuronas conectadas con el exterior se inhiben y es probable que el papel de filtro del tálamo se vea disminuido, lo que tiene como consecuencia una mayor receptividad del cerebro frente al entorno exterior.
El sujeto es entonces más sensible a lo que ve, toca y siente. De la misma manera, las ideas y las conexiones divergentes fluyen más que en las personas con una tasa más elevada de receptores D2. Estudios recientes han demostrado que los individuos creativos, al igual que los esquizofrénicos, tienen una tasa de DRD2 más baja que la mayoría. Dopamina, DRD2, Tálamo y córtex prefrontal serían entonces los actores de la inhibición latente.
Aristóteles decía que "los hombres extraordinarios que sobresalen en filosofía, en poesía y en artes son manifiestamente melancólicos" (R. y M. Wittkower, 1992). Durante el Renacimiento la idea según la cual la melancolía (característica del trastorno maníaco-depresivo) era consustancial a la creatividad perduró. Un ejemplo bastante claro de esta creencia es el grabado del pintor alemán Durero, Melancholia. Sin embargo, investigadores de Harvard han descubierto un vínculo entre creatividad y trastornos maníaco-depresivos.
El cerebro es un sistema vivo extremadamente complejo y las investigaciones neurobiológicas sobre la creatividad son aún escasas. Sin embargo, en los últimos años, los estudios coinciden en la existencia de vínculos entre la creatividad y los trastornos esquizofrénicos y bipolares.
Ciertos rasgos de la esquizofrenia como las conexiones divergentes son también rasgos de una creatividad desarrollada. Lo mismo ocurre con el estudio de los estilos de vida de personas maníaco-depresivas y de creativos: sueño limitado, hiperactividad, alerta constante, profundidad emocional más allá de las normas y percepción de todas las posibilidades de la vida. El estudio del cerebro y de los receptores de dopamina (D2) ha mostrado similitudes entre los sistemas de sujetos creativos sanos y los de esquizofrénicos.
La línea parece ser entonces muy delgada entre creatividad y enfermedad mental. El gusto por los placeres desarrollados por la dopamina puede desbocarse y volverse obsesivo. ¿Qué es lo que permite a los individuos creativos "sanos" protegerse de los trastornos patológicos? ¿Disponen de una mayor fuerza para gestionar sus potenciales creativos provocados por sus perfiles psicológicos?